Tanto el sleeve laparoscópico como el endoscópico conducen a pérdidas de peso significativas, aunque el grado difiere.
Eficacia del sleeve gástrico laparoscópico: Esta operación es actualmente un estándar de oro de la cirugía bariátrica para la obesidad: los resultados de pérdida de peso suelen ser muy buenos. En el primer año tras la intervención, los pacientes pueden perder en promedio entre el 50 % y el 70 % del exceso de peso corporal (excess weight loss), lo que a menudo corresponde a aproximadamente un 20-30 % del peso corporal total. Por ejemplo, un paciente que pesaba 120 kg (con unos 40 kg por encima del peso ideal) puede adelgazar 25-30 kg o incluso más a lo largo del primer año. Algunas estadísticas médicas muestran que, en promedio, los pacientes llegan a perder aproximadamente el 25 % del peso corporal total tras el sleeve quirúrgico. Por supuesto, los resultados individuales varían en función de la disciplina del paciente (dieta, ejercicio) y de su metabolismo. Es importante mencionar que la pérdida de peso continúa también durante el segundo año postoperatorio (más lentamente), y los estudios a más largo plazo muestran que una buena parte del peso perdido se mantiene a largo plazo, sobre todo si el paciente conserva sus hábitos alimentarios saludables. El sleeve laparoscópico también ayuda a reducir la sensación de hambre: al extirpar el fundus del estómago se reduce el nivel de grelina (la hormona del hambre), lo que hace que los pacientes tengan menos apetito. Asimismo, muchos problemas de salud relacionados con la obesidad (diabetes tipo 2, hipertensión, apnea del sueño, etc.) presentan mejoras o incluso remisiones tras la pérdida masiva de peso obtenida con esta operación.
Eficacia del sleeve gástrico endoscópico: Al tratarse de un procedimiento más nuevo y no quirúrgico, el sleeve endoscópico también ofrece una pérdida de peso significativa, aunque en general no tan grande como la operación laparoscópica. Los estudios y la experiencia clínica hasta la fecha muestran que los pacientes pueden perder, en promedio, alrededor del 15-20 % del peso corporal total en el primer año tras la gastroplastia endoscópica. Por ejemplo, un paciente de 120 kg podría adelgazar aproximadamente 18-24 kg en un año con la ayuda de este procedimiento. Algunos datos de clínicas especializadas reportan también porcentajes ligeramente superiores (20-25 % del peso total), sobre todo en pacientes muy cooperantes, por lo que el rango de pérdida puede variar. Un artículo reciente menciona una reducción media del 20-30 % del peso corporal en los pacientes sometidos a ESG, probablemente en el extremo superior del rango y en los pacientes más decididos. Lo cierto es que todos los pacientes deben adoptar un estilo de vida saludable tras el procedimiento; de lo contrario, independientemente del método, pueden no perder lo suficiente o recuperar peso. La eficacia del ESG se aproxima a la de la cirugía en pacientes con obesidad leve, pero para la obesidad moderada/mórbida (IMC muy elevado) es posible que la pérdida con el método endoscópico no sea suficiente. En tales casos, aun así puede considerarse el ESG como primer paso, perdiendo el paciente parte del exceso, para recurrir posteriormente —si fuera necesario— también a una intervención quirúrgica. Una ventaja del ESG es que, si los resultados son subóptimos, el procedimiento puede repetirse o el paciente puede ser convertido más adelante a una intervención bariátrica quirúrgica (al permanecer el estómago anatómicamente intacto, posteriormente puede realizarse un sleeve laparoscópico o un bypass gástrico si se desea).
Comparando directamente la eficacia: El sleeve laparoscópico produce, en general, una pérdida de peso mayor y más rápida. Esta es la razón por la que sigue siendo recomendado para los pacientes con grados de obesidad más avanzados. El sleeve endoscópico ofrece una pérdida de peso significativa, pero más moderada, adecuada sobre todo para quienes tienen un menor exceso de peso o desean un procedimiento de menor riesgo. Ambos métodos requieren mantener una dieta saludable y un programa de ejercicios; ninguno es una «solución mágica» permanente sin el esfuerzo del paciente. Es importante señalar que, independientemente del procedimiento, la pérdida de peso solo es duradera si los nuevos hábitos alimentarios y de vida se mantienen a largo plazo; de lo contrario, puede producirse la recuperación de los kilos en pocos años.
Riesgos y posibles complicaciones
Cualquier procedimiento médico, ya sea quirúrgico o endoscópico, conlleva ciertos riesgos. La buena noticia es que ambas variantes del sleeve gástrico han demostrado ser relativamente seguras en comparación con otras intervenciones, aunque existen diferencias en el tipo y la frecuencia de las posibles complicaciones.
Riesgos del sleeve gástrico laparoscópico: Al tratarse de una operación, existen los riesgos generales asociados a la cirugía y a la anestesia. Las complicaciones mayores son raras, pero pueden incluir: sangrado interno (hemorragia desde el borde de corte del estómago o desde vasos lesionados), infecciones (a nivel de las incisiones o intraabdominales), fuga del contenido gástrico a través de la línea de sutura (la llamada fístula o dehiscencia, cuando el grapado del estómago cede en una pequeña porción, una de las complicaciones más graves posibles), estenosis (estrechamiento excesivo del tubo gástrico) o trombosis (coágulos de sangre postoperatorios, por ejemplo en la pierna —flebitis—, que pueden migrar a los pulmones). La incidencia de complicaciones graves en los centros con experiencia es relativamente reducida (del orden de unos pocos puntos porcentuales). Por ejemplo, el riesgo de fístula gástrica tras un sleeve laparoscópico es inferior al 2-3 %, y la mortalidad operatoria es inferior al 0,1 %. Aun así, debido a estos riesgos pequeños pero existentes, los pacientes son monitorizados atentamente en el hospital y se les ofrece profilaxis (como medicamentos anticoagulantes para prevenir coágulos, antibióticos, etc.). A largo plazo, algunos pacientes pueden desarrollar reflujo gastroesofágico (ardor de estómago) o el agravamiento del mismo, ya que al ser el estómago más pequeño y estar bajo presión, el ácido puede subir más fácilmente al esófago: un porcentaje notable de pacientes refiere reflujo tras el sleeve. Asimismo, la pérdida rápida de peso puede provocar litiasis biliar (cálculos en la vesícula) durante el primer año, motivo por el cual a veces se recomiendan medicamentos o incluso la extirpación preventiva de la vesícula biliar si hay factores de riesgo. Las carencias nutricionales tras el sleeve gástrico son más raras en comparación con el bypass gástrico, pero pueden aparecer déficits de vitaminas (B12, vitamina D, hierro, etc.), por lo que el médico recomendará suplementos y controles periódicos. Por último, existen los riesgos de cualquier anestesia general y de cualquier intervención abdominal (por ejemplo, reacciones al anestésico, problemas cardíacos/anestésicos, muy raramente complicaciones como lesiones accidentales de otros órganos durante la operación). En conjunto, no obstante, el perfil de seguridad del sleeve laparoscópico está bien establecido, siendo la mayoría de las complicaciones prevenibles o tratables si se detectan a tiempo. Para minimizar los riesgos, es esencial que el paciente esté bien preparado (evaluación preoperatoria completa) y sea operado por un equipo quirúrgico experimentado, siguiendo después rigurosamente las recomendaciones médicas durante el período de recuperación.
Riesgos del sleeve gástrico endoscópico: El procedimiento endoscópico evita muchos de los riesgos asociados a la intervención quirúrgica, aunque no está completamente exento de posibles complicaciones. Durante o después del ESG pueden producirse sangrados a nivel de la mucosa gástrica (en el sitio de las suturas), por lo general menores y que se detienen por sí solos o pueden controlarse endoscópicamente de inmediato. Un riesgo raro, pero grave, es la perforación del estómago (un orificio en la pared gástrica provocado accidentalmente por los instrumentos o por la tensión de las suturas). La incidencia de la perforación es muy baja (inferior al 1 %) y, si llega a ocurrir, puede requerir una intervención quirúrgica de urgencia para reparar el estómago. Algunos pacientes pueden experimentar náuseas, vómitos o dolores abdominales más intensos tras el procedimiento; estos suelen ser temporales y ceden con tratamiento farmacológico. Al igual que en la variante quirúrgica, existe el riesgo de reflujo gastroesofágico o de acentuación del ardor de estómago tras el procedimiento, aunque algunos estudios sugieren que el reflujo puede ser incluso menos frecuente y más leve que en el caso del sleeve quirúrgico (porque la anatomía del estómago no se modifica de forma tan drástica). Las complicaciones graves son muy raras en el caso del sleeve endoscópico: según los especialistas, menos del 1 % de los pacientes presenta problemas mayores. Una ventaja es que, al no existir incisiones, no hay riesgo de hernia incisional ni de infecciones de la herida. Asimismo, el corto tiempo de hospitalización reduce el riesgo de infecciones nosocomiales. En conjunto, el ESG tiene un perfil de seguridad excelente, en parte debido a su naturaleza mínimamente invasiva. No obstante, el paciente debe respetar al pie de la letra las indicaciones tras el procedimiento (especialmente la dieta líquida al principio) para evitar la tensión prematura de las suturas internas. En casos raros, si las suturas no se toleran bien o aparecen complicaciones tardías, existe la posibilidad de retirar las suturas endoscópicamente o de convertir el procedimiento en una cirugía bariátrica clásica.
Comparando la seguridad de los dos métodos: El sleeve endoscópico tiende a tener menos complicaciones mayores y un riesgo global ligeramente más bajo, ya que evita el trauma quirúrgico extenso. En la práctica, los riesgos más graves asociados a la operación (fístulas, infecciones abdominales severas, complicaciones anestésicas) se reducen considerablemente en el ESG. Los estudios comparativos muestran que la tasa de complicaciones graves es inferior al 1 % con el sleeve endoscópico, mientras que con el laparoscópico es de varios puntos porcentuales (pero igualmente reducida). No obstante, es importante subrayar que el sleeve gástrico laparoscópico, aunque más invasivo, se realiza de forma rutinaria en muchos hospitales desde hace años y las complicaciones siguen siendo raras cuando el procedimiento es llevado a cabo por equipos con experiencia. La decisión entre ambos se basará principalmente en el perfil del paciente y no solo en el temor a las complicaciones: un paciente con obesidad severa puede tener mucho más que ganar con la pérdida de peso masiva de una operación, aunque implique riesgos ligeramente mayores, en comparación con un paciente con obesidad moderada que puede optar por un procedimiento más suave. Sea cual sea el método, la supervisión médica atenta y el cumplimiento de las recomendaciones tras el procedimiento reducirán los riesgos y asegurarán una recuperación segura.
Conclusión final: tanto el sleeve laparoscópico como el endoscópico pueden ofrecer la oportunidad de un nuevo comienzo a los pacientes que se enfrentan a los kilos de más y a sus complicaciones. Independientemente del método elegido, el éxito a largo plazo depende del compromiso del paciente con el cambio de estilo de vida: alimentación saludable, control de las porciones, actividad física regular y seguimiento médico. Mediante una estrecha colaboración con los médicos (cirujano, gastroenterólogo, nutricionista, psicólogo), los pacientes pueden alcanzar sus objetivos de peso de forma segura y mejorar significativamente su estado de salud y su calidad de vida. La consulta especializada es el primer paso: un diálogo abierto con el médico aclarará cualquier duda y sentará las bases de un plan de tratamiento personalizado, sea endoscópico o quirúrgico, para una vida más saludable.